No soporto a este mí mismo llorón y depresivo que cada rato quiere morir pero no se anima. Qué infantil, qué falto de afecto, deberías ir a buscar abrazos, besos. Quizá de verías intentar irte sacando una a una esas espinas que te han clavado. Despacio. Vamos, ánimo. Hay que ir por libros, por las meninas. ¿Ya no quieres leer? Entonces sí estás jodido. Vamos intenta reanimarte un poco, yo sólo no puedo salvarnos a todos los mí mismo que habitamos aquí dentro. Vamos, tienes que ayudarme. Hoy quizá es tu día de estar triste pero no nos lleves a todos por la borda. ¿Qué tal un gallito eh? Ya lo traigo forjado. Ah vamos, ni siquiera eso te reanima, estás jodido eh, muy jodido. No quieres música, no quieres porros, no quieres hablar con nadie, qué difícil eres. Vamos, vamos, dejas de chillar. Bien está bien, llora si es lo que quieres hacer, pero intenta reanimarte, está bien? En lo que lloras voy a fumarme el porrito a ver si nos podemos reanimar un poco, va.
Las cosas.
¿Cuántas pertenencias personales nos sobrevivirán?
Quizá cuenten nuestras historias
a través del polvo
que es el lenguaje con el que las cosas se comunican.
jueves, 4 de diciembre de 2008
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Insomnio
Quizá y todo debió de ser un error. Yo solo quería dar una vuelta, estar con alguien, tomar unos whisky´s para engañar el frío. No encontré a nadie, sólo a ese maldito Insomnio que me perseguía recitando ese cuento de Virgilio Piñeira:
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarro. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormirse. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver…
-¡ Ya te dije que no encuentro el revólver!
…y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido dormir. El insomnio es una cosa muy persistente.
-¡ Ya lo sé!
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en…
Alfombra de resentimientos.
El anciano esposo detien su lectura
y pregunta a su anciana esposa
-que está en la otra cama de la habitación del hotel de lujo-
-Si fuéramos jóvenes,
¿Qué estaríamos haciendo ahora?
La imagen de dos jóvenes retozando
en amor, deseo, en urgencia,
corre ante sus ojos como una película.
-un suspiro detiene la visión-
Vuelven
-intentan-
a lo suyo.
Él, su libro.
Ella, el televisor.
Dolorosas imágenes de rencores, frialdades,
daños al otro (con o sin intención)
recorren las mentes de ambos.
No saben que del "amor" de ahora
al amor juvenil,
solo hay que cruzar
la alfombra de resentimientos que separa las camas
de esa habitación de hotel lujoso.
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarro. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormirse. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver…
-¡ Ya te dije que no encuentro el revólver!
…y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido dormir. El insomnio es una cosa muy persistente.
-¡ Ya lo sé!
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en…
Alfombra de resentimientos.
El anciano esposo detien su lectura
y pregunta a su anciana esposa
-que está en la otra cama de la habitación del hotel de lujo-
-Si fuéramos jóvenes,
¿Qué estaríamos haciendo ahora?
La imagen de dos jóvenes retozando
en amor, deseo, en urgencia,
corre ante sus ojos como una película.
-un suspiro detiene la visión-
Vuelven
-intentan-
a lo suyo.
Él, su libro.
Ella, el televisor.
Dolorosas imágenes de rencores, frialdades,
daños al otro (con o sin intención)
recorren las mentes de ambos.
No saben que del "amor" de ahora
al amor juvenil,
solo hay que cruzar
la alfombra de resentimientos que separa las camas
de esa habitación de hotel lujoso.
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