jueves, 29 de enero de 2009

Bobby y yo.

Hace algunas semanas, mi hermano (el mayorcito, como diría mi tía Dominga) se llevo al pastor belga malinois del patio de mi casa para llevarlo a Guadalajara a una escuela para perros. Bobby, nombre del canino, hacía que al llegar a casa fuera toda una odisea cruzar el patio para llegar hasta el interior del hogar. Es un perro totalmente inofensivo, pero sumamente juguetón, encimoso y baboso, estas tres notas de su personalidad canina no las sufríamos en la familia como un mal, sino como una alegría. Nunca antes había sido tan interesante cruzar el patio en menos de treinta segundos sin que el Bobby detuviera al transeúnte con su tremendo cuerpo, encimando sus patas y babeando pantalones, chamarras y demás prendas recién traídas de la tintorería.
La estadía del ludópata can en la escuela fue de 15 días con un costo total de tres mil pesos. Mientras el Bobby no estuvo en el patio, se sentía un vacío al llegar a casa y simplemente cruzar el jardín tranquilamente hacía pensar en qué sería del Bobby cuando regresara. Justo cuando mi madre estaba ya sumida en la depresión por la partida momentánea de su perro hijo (hablo del Bobby) y mi hermanito el Bipolar no sabía si extrañar al Bobby o celebrar su ausencia el perro regresó.
Ya estando en la casa nos dimos cuenta que los 15 días que Bobby pasó en la escuela no significaron más que algo así como los estudios primarios impartido en alguna escuela perdida y abandonada por las hummers de Elba Esther. El Bobby sigue siendo el perro juguetón que en vez de pararse en dos patas brinca como loco en sus cuatro patas. Aún sigo investigando si esto se debe a un mal neurológico o a que el Bobby en otra vida fue toro de rodeo. La única diferencia entre el Bobby analfabeta y el Bobby graduado son cuatro palabras: Jío, para que Bobby camine a lado tuyo; sit para que Bobby se siente decorosamente,; steit, que viene siendo la palabra mágica para calmarlo cuando trae un desmadre y down para que el can se ponga en una posición como de gato a punto de comerse al ratón. Todo lo anterior solo puede realizar el Bobby si se le pone la cadena de castigo, sin dicha cadena el Bobby sigue actuando cual chiquillo en salón de clase sin maestro. Ah pero eso sí, si queremos que el Bobby aprenda todo lo anterior tiene que ir a hacer el curso avanzado, que en términos prácticos sería como su secundaria, así que se lo tendrían que llevar otros quince días y nosotros pagar otros tres mil pesos. Mejor que se quede así. Ni en mi educación invierten tanto.

miércoles, 21 de enero de 2009

Si le pusiéramos fecha de caducidad a las relaciones.

¿Qué pasaría si así como tenemos – y hasta festejamos- el inicio de una relación, le pusiéramos también una fecha de caducidad? Es decir, así como (quizá cada mes) festejamos el inicio de una relación, pusiéramos una fecha de posible término a la relación, 31 de Diciembre por decir algo, llegando ese día el novio y la novia se sentarían mirándose fijamente a los ojos y se dijeran si quieren continuar la relación o si mejor ahí paran todo el carro y cada quién se va por su lado. Quizá se dijeran que se daban un intento más de tan solo seis meses. No sé. Pero tal vez si hiciéramos esto, dejaríamos de preocuparnos por el amor eterno y centrarnos más en un amor real, en un contrato relacional en el que si la otra persona te interesa, necesitas darle lo mejor y más lindo antes del cumplimiento o finalización de la relación. Los contratos serían renovables y podrían hacerse por el tiempo que las partes – el hombre y la mujer involucrados- decidan.

Claro que si antes del cumplimiento del contrato alguna de las dos partes quisiera ya mejor dar por terminada la relación, se podría hacer, no se trata de intentar cumplir el contrato sin importar si se ama o no a la otra persona, sería como esas esposos que solo siguen juntos por los supuestos votos, pero que en realidad no se aman, sino que viven en contaste guerra con el otro. Se trata de darse cuenta que el tiempo vuela, el tiempo pasa rápido, se trata de olvidar el amor de los cuentos y centrarse en un amor real y concreto. Intentar amar al otro no a ojos cerrados sino con los ojos bien abiertos. Si en realidad te interesa la otra persona para pasar algún tiempo de tu vida a lado de ella, y quieres que al término del contrato se renueve otro – puede ser un contrato por más tiempo, con más exigencias, habrá quién deseé hacerlo por tiempo indefinido, cada quien- con el fin de seguir compartiendo momentos de tu vida con la persona que has elegido como pareja. Quizá si hiciéramos esto, nuestras relaciones cambiarían. Lástima que siempre tengamos miedo al futuro y evitemos pensar en situaciones – presentes y futuras- que nos causan incertidumbre. “La mismísima esencia de la aventura es la incertidumbre. Si alguna vez me caso, intentare, desde luego, olvidarlo” Oscar Wilde Dixit.


Bar.

Estas sencillas líneas
hechas al galope
se parecen a ella.

Este apunte,
hecho en una servilleta
en medio de un bar.

Se parecen, pero la recuerdo más hermosa.

Sensual hasta el martirio.
Más hermosa ahora que la recuerdo.

Lástima que ahora sólo sea recuerdo:
el apunte, el bar, ella.

martes, 20 de enero de 2009

Un cuento erótico escrito hace dos años.

DIANA.


Diana se estira desde fuera del cuarto de baño y abre la llave del agua caliente. Su mano izquierda sostiene sobre sus redondos y pequeños senos la toalla que le cubre solo la parte frontal de su cuerpo. Es una toalla corta que apenas cubre el castaño pubis, la parte principal de esa copa de placer cuya base son las piernas.

El vapor empieza a salir de la continua agua de la regadera como un torrente amansado, dominado. Diana entra al cuarto de baño, levanta un poco su pie y lo acerca hacia el agua al tiempo que la mano contraria al pie hace lo mismo. Es maravilloso ver como se separa ligeramente una pierna de la otra. El agua está lista.

Entra de frente al agua, con los ojos cerrados pero la mirada alta. El agua se apresura a llenar su cara de gotas tibias. Su cuello, sus pechos, su vientre se empiezan a llenar de caricias en forma de hilos de agua tiernos y traviesos que no dejan un solo espacio de su piel sin acariciar. Su espalda recibe también las mismas caricias, comenzando por sus hombros y recorriendo su espalda. Es como un frío abrazo que comienza en los hombros y que conforme bajan los brazos por la espalda se va convirtiendo en un abrazo pasional. Ella sigue de frente y el agua ha llegado a su cadera y recorre lentamente sus nalgas suaves y redondas. Sus nalgas son unas pequeñas montañas en donde las gotas de agua se detienen, duran un poco más en recorrerlas. Es como si ella se entregara a Daniel y él la recibiera con un beso largo, lento y apasionado y al mismo tiempo Daniel tuviera la capacidad de acariciar todo su cuerpo al mismo tiempo. Dando caricias como si fueran las primeras caricias que han existido en el mundo.

La regadera se ha convertido en un mar de besos, de caricias, de respiración, de alientos.

Ella está pensando en Daniel. Se nota en su rostro, cómo cierra los ojos, cómo aprieta muy suave la boca. La esponja jabonosa recorre su hombro, su cuello, sus brazos. Dibuja círculos de espuma en sus pechos, espuma que la regadera limpia con sus lenguas de hilos de agua.

Recuerda como la excita Daniel, como la besa en todo su cuerpo, su aroma a ébano y a pino. Como sus dedos acarician su vulva con la misma delicadeza con la que el sacerdote toma la hostia, como lo más sagrado. La cara de él, de niño y hombre a la vez lleno de placer cuando la penetra con delicadeza, como va entrando dentro de su vulva húmeda, de esa humedad cálida y placentera. Ella siente como un suave puñal se incrusta en su ser, pero no la mata, solo la hace enloquecer de placer. La voz de él gimiendo a lado de su oreja la excita. Ella lo abraza, lo jala hacia si. Aprieta las nalgas de Daniel para que esa daga divina pueda entrar más. Si por ella fuera eternizaría ese momento.

Ella recuerda todo esto mientras en la regadera ella misma acaricia su vulva, pasa sus dedos por su entrada gloriosa, por su clítoris que se va agrandando junto con su excitación.

Está sintiendo los placeres previos a ese instante en el que uno siente la levedad del ser.

Ahora está sintiendo esa levedad intensa del ser. Levanta su cara al tiempo que de ella salen tiernos gemidos placenteros.
Recarga su antebrazo en la pared y sobre ella su cabeza, mientras una extraña energía recorre sus sinapsis llenando todas sus células de placer. El agua se desliza sobre su espalda, ahora no gime pero sigue exhalando por la excitación.

El agua se empieza a enfriar y le ayuda a regresar de ese mundo de placer al mundo real. Aún con su corazón acelerado termina de asear su cuerpo y con esto el baño. Ha demorado mucho hoy en la regadera. Tendrá que apurarse para no llegar tarde al trabajo. Durante el día, en su oficina, viendo a través de su ventana como pasa la gente por la calle, volverá a recordar esta sensación.
Memoria,
te lo imploro.
No seas cruel carcelera,
permíteme besar el rostro
que tan celosamente guardas.

lunes, 19 de enero de 2009

De regreso.

"A mí trabajo quiero y me entrego. / Más hoy mi aturdimiento no me alienta a componer. /El día pesa en mí. Su aspecto / se ensombrece cada día más. No cesa el viento ni la lluvia. / Prefiero mirar a escribir."Estas líneas de Cavafis explican de manera excelente mi silencio y el por qué no había publicado nada en mi bitácora. En realidad, hubo muchos sucesos que pudieron ser publicados aquí: la estupenda navidad que pasé (festejada de manera nada tradicional), el año nuevo que viví en Amatitán, el asesinato cobarde y atroz a manos de los policías ocotlenses sobre la humanidad de Fernando López Alejandre, mejor conocido como "El Naco", la marcha sin precedentes que se dio en Ocotlán con el fin de exigir justicia respecto a dicho asesinato, las desafortunadas declaraciones de Absalón García Ochoa, presidente de Ocotlán, respecto a la marcha (cuando marchamos a favor de los trabajadores de industrias Celanese fuimos porros, ahora que marchamos pacíficamente por la justicia resulta que somos delincuentes).Tantos asuntos, actividades, sentimientos y personas sobre las cuales escribir, y sin embargo, preferí el silencio. ¿ Por qué? No lo sé a ciencia cierta.
Tal vez tantos asuntos implicaban que me dedicara a vivirlos intensamente, lo cual hice. Sin embargo y lo que sí es seguro, es que estoy de regreso. Agradezco a los y las que extrañaron estas letras, especialmente a Lupita, Mony, Pontxo, Celia y demás gente que me urgió a escribir. Sin más, les dejo el siguiente poema para en los días sucesivos mostrar los escritos que durante este tiempo escribí pero no han sido leídos más que por mí.
Muchas gracias por la espera, pero sobre todo, gracias por el recibiento.

Espejo.

Recuerdo esa noche
en la que desnuda te
contemplabas frente al espejo
que está en mi cuarto.

Ahora, ese espejo.
-que ha visto tanto-
sigue feliz por haber reflejado
la Belleza
por unos instantes.