DIANA.
Diana se estira desde fuera del cuarto de baño y abre la llave del agua caliente. Su mano izquierda sostiene sobre sus redondos y pequeños senos la toalla que le cubre solo la parte frontal de su cuerpo. Es una toalla corta que apenas cubre el castaño pubis, la parte principal de esa copa de placer cuya base son las piernas.
El vapor empieza a salir de la continua agua de la regadera como un torrente amansado, dominado. Diana entra al cuarto de baño, levanta un poco su pie y lo acerca hacia el agua al tiempo que la mano contraria al pie hace lo mismo. Es maravilloso ver como se separa ligeramente una pierna de la otra. El agua está lista.
Entra de frente al agua, con los ojos cerrados pero la mirada alta. El agua se apresura a llenar su cara de gotas tibias. Su cuello, sus pechos, su vientre se empiezan a llenar de caricias en forma de hilos de agua tiernos y traviesos que no dejan un solo espacio de su piel sin acariciar. Su espalda recibe también las mismas caricias, comenzando por sus hombros y recorriendo su espalda. Es como un frío abrazo que comienza en los hombros y que conforme bajan los brazos por la espalda se va convirtiendo en un abrazo pasional. Ella sigue de frente y el agua ha llegado a su cadera y recorre lentamente sus nalgas suaves y redondas. Sus nalgas son unas pequeñas montañas en donde las gotas de agua se detienen, duran un poco más en recorrerlas. Es como si ella se entregara a Daniel y él la recibiera con un beso largo, lento y apasionado y al mismo tiempo Daniel tuviera la capacidad de acariciar todo su cuerpo al mismo tiempo. Dando caricias como si fueran las primeras caricias que han existido en el mundo.
La regadera se ha convertido en un mar de besos, de caricias, de respiración, de alientos.
Ella está pensando en Daniel. Se nota en su rostro, cómo cierra los ojos, cómo aprieta muy suave la boca. La esponja jabonosa recorre su hombro, su cuello, sus brazos. Dibuja círculos de espuma en sus pechos, espuma que la regadera limpia con sus lenguas de hilos de agua.
Recuerda como la excita Daniel, como la besa en todo su cuerpo, su aroma a ébano y a pino. Como sus dedos acarician su vulva con la misma delicadeza con la que el sacerdote toma la hostia, como lo más sagrado. La cara de él, de niño y hombre a la vez lleno de placer cuando la penetra con delicadeza, como va entrando dentro de su vulva húmeda, de esa humedad cálida y placentera. Ella siente como un suave puñal se incrusta en su ser, pero no la mata, solo la hace enloquecer de placer. La voz de él gimiendo a lado de su oreja la excita. Ella lo abraza, lo jala hacia si. Aprieta las nalgas de Daniel para que esa daga divina pueda entrar más. Si por ella fuera eternizaría ese momento.
Ella recuerda todo esto mientras en la regadera ella misma acaricia su vulva, pasa sus dedos por su entrada gloriosa, por su clítoris que se va agrandando junto con su excitación.
Está sintiendo los placeres previos a ese instante en el que uno siente la levedad del ser.
Ahora está sintiendo esa levedad intensa del ser. Levanta su cara al tiempo que de ella salen tiernos gemidos placenteros.
Recarga su antebrazo en la pared y sobre ella su cabeza, mientras una extraña energía recorre sus sinapsis llenando todas sus células de placer. El agua se desliza sobre su espalda, ahora no gime pero sigue exhalando por la excitación.
El agua se empieza a enfriar y le ayuda a regresar de ese mundo de placer al mundo real. Aún con su corazón acelerado termina de asear su cuerpo y con esto el baño. Ha demorado mucho hoy en la regadera. Tendrá que apurarse para no llegar tarde al trabajo. Durante el día, en su oficina, viendo a través de su ventana como pasa la gente por la calle, volverá a recordar esta sensación.
Diana se estira desde fuera del cuarto de baño y abre la llave del agua caliente. Su mano izquierda sostiene sobre sus redondos y pequeños senos la toalla que le cubre solo la parte frontal de su cuerpo. Es una toalla corta que apenas cubre el castaño pubis, la parte principal de esa copa de placer cuya base son las piernas.
El vapor empieza a salir de la continua agua de la regadera como un torrente amansado, dominado. Diana entra al cuarto de baño, levanta un poco su pie y lo acerca hacia el agua al tiempo que la mano contraria al pie hace lo mismo. Es maravilloso ver como se separa ligeramente una pierna de la otra. El agua está lista.
Entra de frente al agua, con los ojos cerrados pero la mirada alta. El agua se apresura a llenar su cara de gotas tibias. Su cuello, sus pechos, su vientre se empiezan a llenar de caricias en forma de hilos de agua tiernos y traviesos que no dejan un solo espacio de su piel sin acariciar. Su espalda recibe también las mismas caricias, comenzando por sus hombros y recorriendo su espalda. Es como un frío abrazo que comienza en los hombros y que conforme bajan los brazos por la espalda se va convirtiendo en un abrazo pasional. Ella sigue de frente y el agua ha llegado a su cadera y recorre lentamente sus nalgas suaves y redondas. Sus nalgas son unas pequeñas montañas en donde las gotas de agua se detienen, duran un poco más en recorrerlas. Es como si ella se entregara a Daniel y él la recibiera con un beso largo, lento y apasionado y al mismo tiempo Daniel tuviera la capacidad de acariciar todo su cuerpo al mismo tiempo. Dando caricias como si fueran las primeras caricias que han existido en el mundo.
La regadera se ha convertido en un mar de besos, de caricias, de respiración, de alientos.
Ella está pensando en Daniel. Se nota en su rostro, cómo cierra los ojos, cómo aprieta muy suave la boca. La esponja jabonosa recorre su hombro, su cuello, sus brazos. Dibuja círculos de espuma en sus pechos, espuma que la regadera limpia con sus lenguas de hilos de agua.
Recuerda como la excita Daniel, como la besa en todo su cuerpo, su aroma a ébano y a pino. Como sus dedos acarician su vulva con la misma delicadeza con la que el sacerdote toma la hostia, como lo más sagrado. La cara de él, de niño y hombre a la vez lleno de placer cuando la penetra con delicadeza, como va entrando dentro de su vulva húmeda, de esa humedad cálida y placentera. Ella siente como un suave puñal se incrusta en su ser, pero no la mata, solo la hace enloquecer de placer. La voz de él gimiendo a lado de su oreja la excita. Ella lo abraza, lo jala hacia si. Aprieta las nalgas de Daniel para que esa daga divina pueda entrar más. Si por ella fuera eternizaría ese momento.
Ella recuerda todo esto mientras en la regadera ella misma acaricia su vulva, pasa sus dedos por su entrada gloriosa, por su clítoris que se va agrandando junto con su excitación.
Está sintiendo los placeres previos a ese instante en el que uno siente la levedad del ser.
Ahora está sintiendo esa levedad intensa del ser. Levanta su cara al tiempo que de ella salen tiernos gemidos placenteros.
Recarga su antebrazo en la pared y sobre ella su cabeza, mientras una extraña energía recorre sus sinapsis llenando todas sus células de placer. El agua se desliza sobre su espalda, ahora no gime pero sigue exhalando por la excitación.
El agua se empieza a enfriar y le ayuda a regresar de ese mundo de placer al mundo real. Aún con su corazón acelerado termina de asear su cuerpo y con esto el baño. Ha demorado mucho hoy en la regadera. Tendrá que apurarse para no llegar tarde al trabajo. Durante el día, en su oficina, viendo a través de su ventana como pasa la gente por la calle, volverá a recordar esta sensación.
Memoria,
te lo imploro.
No seas cruel carcelera,
permíteme besar el rostro
que tan celosamente guardas.
3 comentarios:
Es un texto como su nombre lo dice erótico, pero que te va describiendo paso a paso ese momento único y hermoso que puede llegar a ser la masturbación.
Un tema que para muchos aún resulta pecaminoso o vergonsozo, pero que sin embargo desde mi particular punto de vista es un acto que no solo te hace conocerte, sino que te da un placer diferente al que comunmente puedes sentir con la pareja.
Me encantó el texto...
L.O.R
72
No todos los textos eroticos me gustan... es dificil enconrar el erotismo y no pasar a ser parte de lo vulgar y comun.
Este en lo particular me gusto, el manejo de cada una de las acciones y sensaciones me parecen acorde.
Yo lo lei mientras escuchaba un disco d erotic lounge y logro completar la amosfera de la seduccion.
Muy bien!
Saludos, besos y abrazos!
La memoria es múltiple sujeto.
j/e
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