Que se me acaben las plumas, la tinta, los papeles, las telas, la sangre. Tampoco me dejen ni la saliva, el sudor, la bilis o el semen. Quítenme todo, hasta las partituras del aire. Cómanse mis dedos. ¡Hagan algo! Pero no quiero describir a la muchacha de esta mañana que no me atreví a hablarle.
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