A Javier Sicilia.
Pertenezco a una era sangrienta, mundo que se asesina ante nuestros ojos.
Avanzo sobre tierra lodosa que la sangre hace cada vez más pegajosa
Antes de que pueda hacer algo y quede sumergido hasta las rodillas.
Frente a mí el espejismo del mar, donde no existe lugar para ninguno de nosotros.
Desde ese espejismo sus habitantes observan asqueados nuestra manera de vivir.
Reconocí en los bellos rostros nuestros rostros también bellos
Antes de que llegara la putrefacción, la muerte, el asesinato, la omnipresente
Bala perdida que se puede encontrar en cualquier esquina
En todo lugar.
Se horrorizaron ante mi situación de muladar, mi olor a fosa común,
Mi impotencia pasivamente lograda durante numerosas muertes y levantones.
Este no es el lugar donde crecí.
Yo no crecí en este país.
Intenté entrar a ese espejismo pero un anciano de mirada sabia y compasiva,
Piel ajada y cabello blanco, pronunció esta sentencia:
“Naciste en tiempos de masacre, condenado a saborear la hiel de la desesperación
Sin haber conocido la confianza.
Regresa al lugar donde tus hechos y omisiones hicieron el paraíso
De sanguijuelas y gusanos.
Intentas escapar de la realidad que eres responsable.
Te sigue a todos lados la recriminación de tus consecuencias.
Los muertos esperan por ti.
Creíste en los gobernantes de la guerra que protegieron su poder
Y ahora gobiernan sobre osamentas anónimas.
Fue tarde tu darte cuenta de las tinieblas.
No quisiste participar en la lucha contra la destrucción y el alto a los asesinatos.
No podrás escapar de la putrefacción de las ciudades, del terror cotidiano, la zozobra
Y la desesperanza a tu alrededor.
Mostraste indiferencia ante los caídos a tu lado. La demencia grita dentro de tu mente.
El letargo destruyó los recursos a tu alcance.
Tu cobardía te hizo esperar la salvación de los que sólo permitieron y ordenaron la masacre.
Si los remordimientos y al arrepentiemiento no te destruyen
Las uñas y los dientes en un cuarto habitado
Por las tinieblas y el temor, sólo te queda esperar el degüello y …”
No pude escuchar el término de la sentencia.
La bala de un sicario aturdió mi cráneo dejando
El aturdimiento y la vergüenza para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario