viernes, 12 de noviembre de 2010

Soñetus...III

Tus pechos graves, aves que aprisiono
con ternura como flores que se abren.
Tu olor, del que no quiero el abandono
de mi, de mi piel, de mi alma, Mi Carmen.

...Tu suave pubis del que soy patrono
y dejas que mis dedos jueguen, anden
jubilosos, sintiéndose en su trono
ordenando a las estrellas que te amen.

Clítoris, pezones y lengua en juerga
mientras mi piel sólo dice tú ¡Tú!
Te estremeces en un escalofrío

al aprisionar húmeda a mi verga
que acaricia, entra y sale de este tu
cuerpo tuyo que se ha vuelto tan mío.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Hölderlin.

Sentado en la jardinera, Armando espera en una actitud meditativa. Quedan pocos minutos de luz diurna y ya las lámparas encendidas congregan a los mosquitos hambrientos que empiezan a salir.
Liz, Diana o como se llame esa mujer que pasa frente a Armando y detiene sus ojos en el libro de Hölderlin que está a un costado de Armando. Libro de Hölderlin y Armando, ambos esperan nada en actitud serena. Los ojos de la mujer se clavan tanto sobre el libro que logran que el cuerpo regrese el escazo paso, paso y medio que se había adelantado el cuerpo a los ojos y mientras el cuerpo regresa ella dice incrédula:
-Hoy dije que si veía a alguien con libro de Hölderlin me casaría con él.
Armando la ve. Es un angelito de esos que ves todos los días y esperas que te hablan. Sin pensarlo, como si lo tuviera ensayando, dice perfecta Armando perfecta entonación:
-Bueno,quizá no me case contigo pero te invito un café.
Eso pensé ahorita, mientras pendejeaba viendo los moscos hasta que me distrajo la niña hermosa que se detiene a ver mi libro de Hölderlin y que parece no creer en lo que ve.

Soñetus...II

II
Se me acaba el aliento, humedad
que nos invade y se pega a la piel
creando un sudor que sabe a aguamiel.
¡Qué me importa si esto es obscenidad!

...Tu sexo, dulce y adicta ebriedad
que bebo como el más rico coctel
que me hace olvidar que la vida es cruel
¡Y lo bella que es la sexualidad!

Sinalientos, espasmos, estertores,
rasguños, gemidos, gratos dolores
¡tu pecho destila dulzón jarabe!

Coito con la fuerza de milamores,
heróicos cansancios renovadores,
Ánimas benditas ¡que nunca acabe!