Tus pechos graves, aves que aprisiono
con ternura como flores que se abren.
Tu olor, del que no quiero el abandono
de mi, de mi piel, de mi alma, Mi Carmen.
...Tu suave pubis del que soy patrono
y dejas que mis dedos jueguen, anden
jubilosos, sintiéndose en su trono
ordenando a las estrellas que te amen.
Clítoris, pezones y lengua en juerga
mientras mi piel sólo dice tú ¡Tú!
Te estremeces en un escalofrío
al aprisionar húmeda a mi verga
que acaricia, entra y sale de este tu
cuerpo tuyo que se ha vuelto tan mío.
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