viernes, 5 de noviembre de 2010

Hölderlin.

Sentado en la jardinera, Armando espera en una actitud meditativa. Quedan pocos minutos de luz diurna y ya las lámparas encendidas congregan a los mosquitos hambrientos que empiezan a salir.
Liz, Diana o como se llame esa mujer que pasa frente a Armando y detiene sus ojos en el libro de Hölderlin que está a un costado de Armando. Libro de Hölderlin y Armando, ambos esperan nada en actitud serena. Los ojos de la mujer se clavan tanto sobre el libro que logran que el cuerpo regrese el escazo paso, paso y medio que se había adelantado el cuerpo a los ojos y mientras el cuerpo regresa ella dice incrédula:
-Hoy dije que si veía a alguien con libro de Hölderlin me casaría con él.
Armando la ve. Es un angelito de esos que ves todos los días y esperas que te hablan. Sin pensarlo, como si lo tuviera ensayando, dice perfecta Armando perfecta entonación:
-Bueno,quizá no me case contigo pero te invito un café.
Eso pensé ahorita, mientras pendejeaba viendo los moscos hasta que me distrajo la niña hermosa que se detiene a ver mi libro de Hölderlin y que parece no creer en lo que ve.

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