lunes, 21 de mayo de 2012

Ejercicio autobiográfico.

Armando me llamo y soy modelo 1985. Agenciado por cesárea un medio día de noviembre en el hospital Santa Mónica en Guadalajara. Al nacer, el bisturí cortó vientre, placenta y también mi cabeza, portando desde entonces una pequeña cicatriz como se porta mi signo zodiacal: sagitario. Desde pequeño he sido muy creyente de las historias. Mi tía Dominga, que en paz descanse, confundió (y me hizo confundir) con fervor religioso, el placer por las historias fantásticas. Lo que sí es cierto es que de niño jugué mucho con mi imaginación, solitos mi imaginación y yo. Actividad y actitud que sigo realizando en cada mirada clavada en un objeto circunstancial. Hoy, fue el pasto de la universidad bailando al ritmo del viento; el rostro bello y los pechos apenas esbozados de la muchacha chaparrita que estaba a mi lado en las copias. Mi psicoanalista interpretó que leo desde pequeño para evadirme. Tal vez tenga razón. Tal vez no. Si la contradigo me tomará como a un paciente "resistente". A veces me embriago, pierdo la memoria, reniego de mi existencia que tanto amo. Después me curo y reconcilio a base de lecturas, latigazos de letras, abrazos y dos que tres miradas. A veces bailo para que el sol salga. O lo espero en la ventana. No vaya a ser que todos estén dormidos y nadie pueda recibirlo.

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